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viernes, 22 octubre, 2021

Cómo Pasar la Censura Segunda Parte, La Columna de Citadini

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La Columna de Citadini

Yo creo que la gran mayoría está a favor de en un feminismo que busca la igualdad de la mujer en todos los frentes, especialmente en el económico. Sin embargo, ese “feminismo radical”, como lo llamó Vargas Llosa. Esa suerte de “Nueva Inquisición”, como dice el Premio Nobel peruano, que quiere revisar, censura y prohibir las obras literarias y artísticas que sean, a sus ojos, machistas, sexistas, discriminatorias, sin evaluar el contexto histórico o ambiental desde donde surgen, Aquella actitud se convierte justamente en lo que quiere combatir; es decir, se vuelve discriminatoria, prejuiciosa y dogmática.

Sería brutal que llegásemos a una situación de totalitarismo en el arte y en la literatura; en la cultura, a fin de cuentas, donde sólo se pueda expresar lo que está de acuerdo con la ideología imperante; ejemplos ya hemos tenido en el siglo pasado, y persisten aún en este comienzo de centuria. Quema de libros, obras de arte monstruosas, libros que sólo hablen de la revolución, en fin.

Algunos cuentos de Gogol nos parecen hoy de un machismo casi infantil; unas costumbres intolerables, pero así se mostraba el alma rusa entonces. El trato a las mujeres de avanzada edad en los Cuentos del tío Ventura de Ernesto Montenegro nos parece hoy como despectivo. Pero el escritor no es sino el intérprete de su tiempo: registra lo que ve, escucha,  y también lo que se imagina como posible. Su alcance no se limita a la moral; de eso se ocupa el teólogo o el místico. Le preguntaron a Dante, quién conoce el bien, él respondió, quien conoce el mal.

Recuerdan al tío mujeriego y bueno para la parranda del artículo anterior. Bueno hay una anécdota súper machista que se contaba hace años y que provocaba risas entre todos los sobrinos y sobrinas. Estoy seguro que no fue más que una fantasía ideada por un sobrino socarrón para graficar al tío. Nuestro pariente nunca hubiese dicho algo tan brutal. La cosa fue más o menos así. Se encontraba el tío en la casa jugando brisca con sus amigotes. Les había dado hambre. La tía por su parte tejía un chaleco a crochet mientras veía la teleserie de la tarde; no atinaba a ofrecer algo a las visitas.  En uno de sus exabruptos el tío le habría dicho: “¡Anda a calentar el arrolla’o, miéchica!”

Se dice que los editores están hoy censurando todo aquello que huela a machismo y sexismo; es decir están suavizando los textos para que vayan quedando políticamente correctos. Por suerte en las democracias aún los escritores pueden refugiarse en la autoedición. No van a vender, pero van a escribir lo que les nazca. Conozco a uno de estos escritores. Me dijo que estaba muy preocupado porque quería ganarse un premio literario, pero quería también ser fiel a la historia, no quería que su texto quedase tan neutro, tan políticamente correcto. Entonces le dije:

—¿Y no elegiste nada mejor que ser escritor?

Entonces me respondió con una cita de Bukowski:

—La escritura me eligió a mí, yo no elegí la escritura.

—¿Y cuál es tu problema exactamente? —le pregunté.

—Mira resulta que es un cuento que estoy mandando a un concurso. Hay una parte donde aparece una mujer muy simpática, culta, inteligente y encantadora.

—¿Y cuál es el problema —volví a preguntar.

—Cómo decirte… resulta que ella además tiene unas curvas bien pronunciadas, por decirlo de una manera que no produzca problemas, ¿entiendes?

—Perfectamente.

—Es así como la Yayita, de Condorito.

—Ya veo.

—Sin embargo, para ganar el premio y agradar al jurado estoy tentado a describirla como una mujer de líneas rectas, algo así como una campeona de natación, ¿me entiendes?

— No te entiendo.

 

Esta historia crónica continuará

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