Piedra Grande, de Marco López Aballay, Columna de Citadini

Marco

Conocí a Marco cuando él trabajaba en la pastelería de uno de los supermercados Santa Isabel. De cuando en cuando lo visitaba para organizar alguna reunión literaria. Él salía por unos minutos y luego volvía a su “dulce” trabajo. Pronto publicó su primer libro. Lo leí y estuve a punto de decirle, “pastelero a tus pasteles”, pero me retuve, pues evaluar algo tan subjetivo como la creación literaria no es cosa sencilla, hay opiniones diferentes y hasta contradictorias. De hecho, por ejemplo, he leído a un crítico decir que Rivera Letelier es el mejor novelista de Chile, y a otro afirmar que escribe los bodrios más horribles de la historia literaria del país.

Marco, desde su primer libro, ha ido evolucionando positivamente en su apuesta literaria. A la fecha ha publicado seis volúmenes. Su última entrega es Piedra Grande, un texto de 18 cuentos, donde un halo poético invade el trabajo narrativo otorgándole a su prosa una exquisitez envidiable. En Ficción dice: “La noche acalla los ruegos de Josefina y sus palabras se ahogan entre lágrimas y besos con sabor a sangre, mientras una guitarra gime al interior del auto abandonado”. Y en Mariposa: “Un viento tibio sube por los pilares del puente, tras él, un puñado de hojas se arremolina y desciende como pequeños paracaídas sobre el río. En el agua, un trozo de sol cimbrea lentamente y, bajo el puente, la sombra da manotazos a  quienes llegan al lugar”. Encontramos también en estos cuentos un lenguaje surrealista y algunas digresiones sabrosas extraídas seguramente del habla de los campesinos; porque, como el presidente Montt, Marco nació y vivió su infancia en Petorca. Si estuviésemos capacitados para ejercer una crítica, diríamos que quizás el embrujo de García Márquez está un tanto sobre explotado, pero también podemos estar totalmente equivocados.

 

En su continuo viajar entre San Felipe, Putaendo y Petorca, López Aballay disfruta de la lectura. Seguramente es el único bicho raro que lee libros en las micros. Ha leído tanto que se ha convertido en un experto en literatura chilena y mundial. Interesantes son sus reseñas de autores en distintos medios de comunicación. Podríamos decir que Marco es un escritor que se ha forjado a sí mismo. Paralelo a la literatura, López Aballay es un gran conocedor de la música rock, que él introduce sutilmente en algunos de sus cuentos. Por lo demás, uno de sus libros se titula Historias de Rock. Por otra parte, y en relación a su actual trabajo, se ha vuelto un maestro en la elaboración de proyectos para los fondos de cultura, y no duda en entregar sus conocimientos desinteresadamente a quienes postulan a dichos fondos.

Finalmente es necesario destacar las virtudes humanas de Marco. Es un tipo sencillo, amable, y orgulloso de sus raíces diaguitas. Estamos frente a un hombre modesto, lacónico, disciplinado y respetuoso. Nunca habla mal de otras personas. No se aprecia esa negatividad, ni esa queja constante que nos invade. Tampoco en su universo hay lugar para el Guasón, o los manipula buen manipulador, o los muñecos y muñecas Chucky. Si alguna vez le he escuchado decir algo en relación a la política es que no comulga con regímenes totalitarios de derechas o izquierdas. En resumen un escritor que aún tiene mucho que dar y un hombre querido por sus pares.

 

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