En pleno 2025, funcionarios municipales de San Felipe viven en carne propia el silencio impuesto por el miedo, tras denunciar —bajo anonimato— que la alcaldesa Carmen Castillo Taucher incumplió promesas clave desde 2021. Los protagonistas, empleados de la Unidad Operativa de Tránsito, sufrieron condiciones infrahumanas sin baños ni higiene básica, mientras la autoridad evitó actuar. Fue importante porque expuso una administración que prioriza su imagen sobre el bienestar de quienes arriesgan su integridad por la ciudad. abandono
El horror no terminó allí: los mismos trabajadores revelaron que los talleres municipales fueron saqueados más de diez veces, y jamás recibieron apoyo ni protección de la administración. La administración, en lugar de actuar, miró hacia otro lado, demostrando una indiferencia criminal que dejó a sus propios servidores a merced de la delincuencia. El miedo a represalias selló bocas, pero no la rabia acumulada. Esta negligencia no es descuido: es abandono institucionalizado.
Lo más escalofriante es que estos funcionarios, héroes anónimos del día a día, trabajan rodeados de promesas rotas y puertas abiertas para los ladrones. Mientras la alcaldesa presume de “profesionales” en su equipo, sus trabajadores exigen lo básico: dignidad, seguridad y respeto. Del mismo modo le piden a la autoridad edilicia que a sus profesionales los envíe a capacitación a la “universidad de la calle”, como ellos la llaman, porque parece ser la única que enseña empatía… y esa cátedra la reprueban estrepitosamente en el edificio consistorial.
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Esta no es solo una denuncia: es un grito desesperado desde las entrañas de una municipalidad quebrada por la indiferencia. Si hasta los propios empleados temen hablar, ¿qué esperanza tienen los vecinos? San Felipe se convierte en un escenario de silencio forzado, donde el poder castiga la verdad y premia la sumisión. ¡Algo huele podrido en el municipio… y no son solo los baños que nunca llegaron!

