En San Felipe, la política local ha alcanzado nuevas cotas de creatividad administrativa. Tanto, que ya no se trata solo de crear empleos, sino de crear cargos que ni siquiera existían hasta que alguien muy cercano a alguien muy importante decidió que sí, que debían existir. Qué eficiencia. mi vecina
El exadministrador municipal Pablo Venegas, por ejemplo, ha regresado al ruedo —no como ciudadano común, no— sino en un puesto tan nuevo que aún huele a tinta fresca de decreto. Según mi vecina (esa fuente infalible que siempre sabe más que el ministro correspondiente), el cargo fue diseñado a medida, como esos trajes italianos que solo caben en ciertos hombros… y en ciertas nóminas.
Pero eso no es todo. Elisa Fuentes, una especie de multiherramienta del poder municipal, ha vuelto a Comunicaciones tras un paseo por la jefatura de gabinete. ¿Coincidencia? ¡Por supuesto que no! Sobre todo, si consideramos que el delegado presidencial de Los Andes, Cristian Aravena —quien, por cierto, está a punto de asumir como nuevo administrador municipal— ya había dejado caer, con esa sutileza propia de los políticos, que “sería ideal” tenerla fuera del gabinete. Qué casualidad tan bien planificada.
Y como en San Felipe nadie quiere quedarse atrás, el Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Aconcagua también entró al juego. Ahí, Ivo Jiménez Hidalgo —ingeniero comercial, militante de RN y, según rumores, futuro candidato a delegado presidencial— fue nombrado director ejecutivo subrogante. Nada sospechoso. Menos aun cuando una periodista del mismo SLEP nos llamó en horario laboral para aclarar, con urgencia casi teatral, que no esta en carrera a la delegación presidencial. Claro. Porque cuando uno llama desde su oficina oficial, en su jornada remunerada, a desmentir un nombramiento político… obviamente está actuando como ciudadano privado. ¡Qué detalle tan institucional!
Tampoco podíamos olvidarnos de que el mismo Slep con toque partidista obligatorio: ahora hay una reconocida militante del Partido Socialista fungiendo como “ayudante” de la jefatura de gabinete. Uno se pregunta: ¿desde cuándo los jefes de gabinete necesitan “ayudantes personales”? ¿Será que las tareas burocráticas se volvieron tan complejas que requieren un séquito? O… ¿será que lo que realmente se necesita es gente de confianza para asegurar que las decisiones vayan por el carril correcto? Spoiler: no es el carril de la meritocracia.
Mientras tanto, en la Municipalidad, los funcionarios de carrera han iniciado una especie de éxodo silencioso. Según mi vecina —que, insisto, tiene ojos en todas partes—, evitan como si fueran malditos recibir cajas selladas del DAEM. Nadie firma, nadie abre, nadie se hace responsable. Parece que dentro no hay papeles, sino fantasmas de irregularidades pasadas… o cheques sin respaldo. Pero tranquilo: mi vecina prometió contarnos esa historia “pronto”. Y si conocemos a mi vecina, sabemos que “pronto” significa justo antes de que alguien intente taparla.
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Lo más delicioso de todo esto es que, mientras ocurre este ballet de lealtades y cargos fantasma, las autoridades siguen hablando de transparencia, modernización del Estado y mérito técnico. Como si la meritocracia no estuviera de vacaciones indefinidas en el valle del Aconcagua, tomando sol junto a los principios de probidad.
Así, San Felipe se consolida como un verdadero laboratorio de innovación… en clientelismo. Donde los cargos no se llenan, se confeccionan. Y donde, al paso que vamos, pronto creen un nuevo puesto: “Coordinador de Creación de Cargos a la Medida”. Con sueldo, bono de productividad y, por supuesto, un ayudante personal del Partido Socialista.
¿Transparencia? Claro. Me lo dijo mi vecina. mi vecina

