Hoy en día, ser motoquero es mucho más que andar en moto, vestir un chaleco con parches o recorrer kilómetros por nuestras carreteras. Para mí, ser motoquero significa tener valores, compromiso, lealtad y, por sobre todo, un corazón dispuesto a ayudar a quien más lo necesita.
Muchas veces la sociedad nos mira con prejuicios, nos juzga por nuestra apariencia, por nuestros parches o simplemente por andar en moto. Pero también hay que ser honestos: parte de esos prejuicios nacen de las acciones de algunos que se descarrilan, que conducen de manera peligrosa, que no respetan las leyes y que se creen protagonistas de una película gringa de motociclistas, pensando que ser rudo o parecer malo es sinónimo de respeto.
Y la verdad es que no es así. Ser libre no significa poner en riesgo la vida de los demás, ni demostrar quién tiene la moto más ruidosa o quién puede hacer más imprudencias en la calle. La carretera se comparte, las normas se respetan y la responsabilidad debe estar siempre por delante. Porque una mala decisión no solamente pone en peligro al que conduce, sino también a familias enteras que nada tienen que ver con sus acciones.
Sin embargo, no podemos permitir que esas conductas definan a todo un mundo que también está lleno de solidaridad, compañerismo y compromiso social. Un ejemplo de ello es la Teletón, donde distintas agrupaciones motoqueras nos organizamos para recorrer las ciudades del Valle de Aconcagua, aportando desde nuestras posibilidades y demostrando que, cuando existe voluntad, las diferencias quedan de lado por una causa común.
Lo mismo ocurre en Navidad, cuando salimos a las calles a repartir alegría, dulces y sonrisas a los niños. Porque ver la felicidad en sus rostros nos recuerda que los pequeños gestos pueden dejar grandes recuerdos. También participamos en beneficios, campañas solidarias y distintas actividades comunitarias, muchas veces sin esperar reconocimiento alguno.
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Creo que la mejor forma de cambiar la mirada de la sociedad no es discutir con quienes nos critican, sino demostrar con acciones quiénes somos y qué podemos aportar. La confianza se gana con respeto, responsabilidad y compromiso, no con apariencias. Al final del día, los motores se apagan y los kilómetros quedan atrás, pero las acciones que hacemos por los demás permanecen.
Ser motoquero no es creerse malo, es tener el carácter para salir a la carretera y la humildad para detenerse cuando alguien necesita ayuda. Porque detrás de cada casco hay una persona, detrás de cada parche hay una historia y detrás de cada agrupación existe la oportunidad de hacer algo bueno por nuestra comunidad.
Mauricio Fossa Lucero