La ministra Judith Marín Actual ministra de la mujer determinó el cierre de la Fundación Prodemu para diciembre de 2026, luego de que una crisis financiera y deudas millonarias hicieran inviable la continuidad de sus programas y talleres esto informa el reportaje del la periodista Roció Morales en Bio Bio.
La histórica institución, fundada por Leonor Oyarzún en el retorno a la democracia, enfrentó un colapso financiero que impidió cumplir con sus obligaciones, dejando sin horizonte a más de un millón de mujeres que fueron beneficiadas con sus talleres.
El traslado de la fundación desde la Dirección Sociocultural de la Presidencia al Ministerio de la Mujer, impulsado por Irina Karamanos para «modernizar» el rol de primera dama, marcó el inicio de una gestión compleja que terminó por desfinanciar la entidad.
Investigaciones internas revelaron que exdirectivos solicitaron créditos millonarios sin autorización del directorio y ejecutaron una «bicicleta financiera» para tapar huecos entre convenios, lo que derivó en querellas por malversación de caudales públicos y fraude al fisco.
A esta mala administración se sumaron los recortes presupuestarios impuestos por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y la detracción de fondos en la Ley de Presupuesto, lo que sentenció la falta de capital para operar y pagar sueldos.
La Contraloría General de la República también jugó un rol clave al dictaminar que ciertos beneficios laborales no podían financiarse con fondos públicos, asfixiando aún más la caja chica de la organización y limitando su operatividad.
Desde el Ministerio de la Mujer aseguraron que el déficit de arrastre fue generado por convenios mal ejecutados con Sernameg e INDAP, aunque no confirmaron oficialmente la fecha final de cierre ante la prensa ni detallaron el plan de salida.
La presidenta del sindicato, Fabiola Cayla, denunció el silencio de la ministra Marín y advirtió que no permitirán el cierre de la entidad, exigiendo una respuesta oficial y presencia de la autoridad para enfrentar la incertidumbre laboral.
El Programa Mujeres Rurales, que operaba con INDAP, ya sufrió el golpe de gracia con un oficio que puso fin a 34 años de apoyo a campesinas, destruyendo redes de apoyo y oportunidades de escolaridad para sectores vulnerables.
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Exbeneficiarias como Ceidy Febre lamentaron la pérdida de espacios que permitieron a mujeres terminar sus estudios y emprender, destacando que estos programas eran vitales para jefas de hogar y cuidadoras de personas dependientes o con neurodivergencias.
Mientras la directora Jessica Flores declinó emitir pronunciamientos, la realidad financiera indica que los recursos solo alcanzarían para remuneraciones hasta octubre, confirmando el fin de una era en el apoyo a la mujer chilena tras 35 años.

