Lo impensable ocurrió la tarde del martes en Los Andes: un hombre con un historial criminal de pesadilla —asesino confeso, agresor y amenazante— cometió un abuso sexual contra una menor de 15 años bajo un viaducto, aprovechando su indefensión y la oscuridad del lugar; el protagonista fue Darío Rodríguez Cáceres, alias “El Conde”, un septuagenario que ya había cumplido más de tres décadas en prisión por crímenes brutales, mientras que la víctima, una adolescente que apenas quería comprar una bebida, terminó traumatizada y corriendo desesperada hacia su hogar.
Los hechos se desencadenaron con una brutal frialdad: Rodríguez fingió necesitar ayuda para destapar una botella, engañó a la menor y la condujo desde una botillería en Villa El Mirador hasta su precario refugio bajo el viaducto de avenida Hermanos Clark, donde la inmovilizó y tocó sus partes íntimas, aprovechando el miedo que infundía su mirada y su fuerza.
La joven, en un acto de valentía y desesperación, logró zafarse y escapar corriendo, regresando a su casa visiblemente angustiada, lo que alertó de inmediato a su padre, quien no dudó en llamar a Carabineros tras enterarse del ataque.
La respuesta policial fue rápida y contundente: en menos de dos horas, los uniformados identificaron y detuvieron al agresor en el mismo sector del puente, basándose en la descripción física y vestimenta que aportó la víctima.
Tras ser puesto bajo custodia, el fiscal Rodolfo Robles Mora lo formalizó por abuso sexual en una audiencia reservada celebrada la mañana del miércoles, mientras el juez Daniel Chaucón Ojeda, tras considerar su extenso historial y el riesgo inminente que representa, decretó prisión preventiva en el penal de Quillota, cerrando así una nueva y escalofriante página del ciclo de violencia del sujeto.
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Y es que “El Conde” no es un delincuente cualquiera: en 1983 fue condenado a 20 años por robo con homicidio; en 2004 asesinó a un auxiliar escolar a puñaladas y amenazó de muerte a un fiscal y a un funcionario penitenciario, sumando 13 años y medio tras las rejas; en 2019, apenas un año después de salir libre, apuñaló con una tijera a un hombre en la calle, configurando un homicidio frustrado. Su regreso a la cárcel no es solo una medida judicial, sino un alivio colectivo frente a un depredador que jamás dejó de acechar.

