La Cámara de Diputadas y Diputados aprobó el proyecto de ley que busca prohibir las carreras
de galgos en Chile. Para algunos puede parecer simplemente una nueva ley, pero para quienes
alguna vez hemos rescatado un galgo, hemos visto su miedo, sus heridas, su abandono y lo difícil
que puede ser para ellos volver a confiar en una persona, esta discusión va mucho más allá.
Porque detrás de cada carrera no existe solamente un perro corriendo. Existe un animal que, en
muchos casos, nació con un único propósito: CORRER. Cuando la ley avanza
Se le cría, se le entrena y se le exige mientras sea útil. Pero ¿Qué ocurre cuando deja de correr?
¿Cuándo envejece, se lesiona o simplemente deja de ser lo suficientemente rápido? Ahí
comienza la parte de esta historia que muchas veces no vemos. En el mejor de los casos, son
abandonados.
En el peor, terminan muertos y quienes hemos tenido la oportunidad de rescatar
uno sabemos que detrás de esos animales existe mucho más que un corredor que dejó de servir.
Existe un ser vivo capaz de sentir miedo, dolor, afecto y alegría. Un animal que muchas veces
necesita aprender nuevamente algo tan básico como confiar en una persona.
Prohibir las carreras de galgos es un paso importante, pero sería ingenuo pensar que una ley, por
sí sola, va a solucionar el problema. Las leyes pueden prohibir una práctica, pero la educación es
la que realmente puede cambiar una cultura y en esto los municipios tienen un papel
fundamental. Son quienes están más cerca de los barrios, las familias, los niños y las
organizaciones.
Por eso, cuando hablamos de tenencia responsable, no basta solamente con
esterilizar, colocar microchip o vacunar. Todo eso es necesario, pero también tenemos que
enseñar algo mucho más básico: que un animal no es un objeto, un negocio ni una herramienta
de entretenimiento. Es una vida que depende de nosotros.
Los municipios pueden trabajar con organizaciones animalistas y rescatistas, realizar charlas en
colegios, impulsar campañas permanentes de adopción y visibilizar historias de animales
rescatados.
El problema no termina con los galgos
Esta discusión tampoco debería terminar cuando se prohíban las carreras. Porque seguiremos
teniendo perros abandonados, animales encadenados, camadas no deseadas y personas que
adquieren una mascota sin entender que están asumiendo una responsabilidad para muchos
años.
La verdadera batalla es cultural. Tenemos que llegar al punto en que abandonar a un animal
sea entendido como una forma de violencia y donde adoptar o tener una mascota signifique
comprender que estamos incorporando a nuestra familia a un ser vivo que dependerá de
nosotros durante toda su vida. ¿Qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos? No
deberíamos esperar que sean las próximas generaciones las que corrijan nuestros errores. El
cambio nos corresponde a nosotros. Porque un galgo no pierde su valor cuando deja de correr.
Un perro no pierde su dignidad cuando envejece. Y ningún animal debería tener que demostrar
que es útil para merecer seguir viviendo.
La verdadera transformación comienza en nuestras comunas, nuestros barrios, nuestras escuelas
y nuestros municipios. Ahí tenemos la oportunidad de decidir qué sociedad queremos ser. Yo
quiero una sociedad donde ninguna vida sea considerada descartable. Cuando la ley avanza
Mauricio Fossa Lucero

