“El Estado no está enfermo: está podrido, lo han convertido en un cuerpo hinchado, lleno de parásitos que viven de él, lo drenan y se reparten sus restos como si fuera un botín”. La metáfora corresponde a Cristian Valenzuela, el principal asesor ideológico de José Antonio Kast, en una columna que desató polémica del hoy integrante del Segundo Piso. Historias de parásitos y premios de consuelo
Fue antes jefe de Gabinete de Rodrigo Álvarez como parlamentario, luego lo siguió en el mismo cargo a la Subsecretaría de Hacienda y después a Energía. Integra además el panel de expertos del Sistema de Alta Dirección Pública desde hace ocho años. Este año, recibió ingresos retroactivos del Estado como integrante de la OPE… es decir, mientras Boric estaba en La Moneda. En 2021, Valenzuela reembolsó la módica suma de 24 millones de pesos, por su aporte estratégico en la campaña de Kast. Nada de mal para ser platas de todos los chilenos.
Vaya las paradojas de la vida… y de la política. En seis meses de este Gobierno, ya van tres ministras menos –con el cambio más rápido desde el retorno a la democracia–, cinco subsecretarios que se fueron para la casa y casi 40 seremis dados de baja. Y de parásitos, ni hablar.
Sin embargo, lo más dramático de la metáfora de cuerpos hinchados (sic) usada por Valenzuela, es que él mismo se convirtió en una caricatura de su desafortunada frase. Con la excepción de su paso por la Fundación Jaime Guzmán –financiada también con fondos públicos–, toda la trayectoria del abogado ha sido en el Estado, es decir, un parásito más. Lección de campaña: tener mucho cuidado con las afirmaciones que después se te revierten.
Por cierto, en las últimas semanas nos hemos llenado de parásitos y personas sin ninguna experiencia en el Gobierno. Ninguna. A tal nivel hemos llegado que, literalmente, contamos ahora no solo con estudiantes en práctica cumpliendo roles importantes en ministerios críticos, sino que incluso se incorporó un alumno de primer año de universidad a tomar responsabilidades. Y muy bien pagados.
Recordemos ahora la frase de Kast al comienzo de la administración de Boric, cuando dijo “parecen un Gobierno haciendo la práctica”. Vaya paradoja. Cristóbal Soto, de 19 años, primer año de periodismo de la Universidad de Los Andes, fue contratado por el Ministerio del Interior, como encargado de “Redes Sociales y apoyo comunicacional” en el mes de abril por 3.200.000 pesos, para luego pasar a 1.900.000 a contar de mayo. Nada mal para haber salido del colegio cuatro meses antes.
¿La experiencia para el cargo? Haber manejado las redes sociales del alcalde de Lo Barnechea –Alessandri, UDI– entre mayo y septiembre de 2025, estando en el último semestre de cuarto medio. Luego, pasó a hacer lo mismo en la UDI desde diciembre de 2025 a marzo de 2026, es decir, en sus últimas vacaciones de verano. Todo un experto. Pavez, el subsecretario de la cartera, destacó el “profesionalismo” del estudiante.
De a poco se empezaron a conocer los experimentados parásitos recién llegados al Gobierno. Camila Pérez tuvo una suerte extraordinaria: un mes después de jurar como abogada en la Corte Suprema, fue contratada por el Servicio Nacional de Migraciones con un sueldo de $2.700.000. Nada mal para su primer trabajo. Historias de parásitos y premios de consuelo
Trinidad Zegers tuvo la misma suerte de Camila. A treinta días de obtener su título, se integró al Ministerio de Justicia, ni más ni menos, que para coordinar la reforma al Código Procesal Civil. ¿El sueldo? $2.000.000. Sofía Pumpin, titulada en julio de 2025, fue contratada por la Secom por 2.350.000 pesos. Emilio Court, otro afortunado –estudiante de derecho– se integró al equipo de avanzada del Presidente. Buena pega para estar estudiando.
Y si de paradojas y vueltas de la vida se trata, se incorporó al Segundo Piso Natalia Duco. Sí, la misma que salió de ministra hace pocas semanas, luego de su desastroso desempeño y de utilizar fondos públicos para ir a un carrete con karaoke.
Voy a recordar otra frase de campaña, esta vez dicha por el Presidente Kast, que hoy se convierte en una especie de hipérbole: “Vamos a terminar con los premios de consuelo”, y lo graficó con las embajadas asignadas a políticos que perdieron sus cupos o elecciones. No olvidemos que el exsubsecretario de Seguridad, Andrés Jouannet, no alcanzó a estar ni una semana desde que lo echaron del cargo y ya se había integrado al Segundo Piso.
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Resulta que hace muchos años que no teníamos tantos “embajadores de consuelo”. Exsenadores y exdiputados encabezan la lista de las principales embajadas de Chile. Luz Ebensperger (UDI) perdió la elección senatorial por Tarapacá y se fue de embajadora a Uruguay, Francisco Chahuan (RN) a México; Gonzalo Uriarte (UDI), Argentina; Juan Antonio Coloma (UDI), España; Diego Paulsen (RN), Reino Unido; Issa Kort (UDI), Brasil; Jorge Tarud, (Demócratas), Bélgica; Roberto Ampuero en la ONU; Gabriel Zaliasnik (mencionado en el teléfono de Hermosilla), en Israel.
Creo que hace años que los chilenos venimos soportando las sobrepromesas que nos hacen creer que todo va a cambiar de la noche a la mañana, que vamos a ser prósperos, que se acabará la delincuencia y otras ofertas que nos han llevado a vivir en un verdadero balancín entre los polos de izquierda y derecha, incluidos los dos plebiscitos fracasados. Historias de parásitos y premios de consuelo
Pero si hay algo que irrita a los chilenos son las promesas del tipo “yo seré moralmente mejor que los otros”, esa hipérbole –que también dijo Giorgio Jackson en su momento– que nos convenció de que todo lo que hizo el Gobierno anterior era malo, que sus integrantes eran éticamente reprochables. Porque de parásitos y premios de consuelo… el que esté libre de pecado que lance la… segunda piedra.
Por : Germán Silva Cuadra
Psicólogo, académico y consultor

