Cuando Llegaron los Españoles, La Columna de Citadini

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Cuando llegaron los españoles los nativos hacían sus cosas. Una de las cosas que no hacían era ir a la escuela, y trabajar sistemáticamente, por así decirlo. Ellos vivían a su manera, vivían de la tierra, de la naturaleza, tenían su propia cosmovisión, su lenguaje y su sabiduría. Los españoles los hicieron hacer cosas que tal vez no querían de buenas a primeras, como ir a la escuela y buscar oro. El rasgo que notó María Graham en O’Higgins fue el de mestizo. Nuestro héroe no era un pura sangre. En su ambiente de infancia sus primeros compañeros en la escuela eran hijos de araucanos. Donde quiero llegar es, que la gran mayoría de la población tiene en menor o mayor medida sangre de los pueblos originarios. Precisamente, fue el propio O’Higgins quien abolió los títulos de nobleza provenientes de la aristocracia.

Entonces, mi teoría es que, debido a nuestra carga genética, tenemos en nuestra cultura una cierta aversión al estudio y al trabajo que está siempre latente y emerge como burbujas en la olla hirviendo. En sincronía con este tema, el artículo del domingo 15 de septiembre en Artes y Letras del Mercurio titulado, Viajeros deslenguados, trata de las crónicas sobre nuestro pueblo escritas por los europeos que nos visitaron a finales de la colonia y en las primeras décadas de la república. Estos escritos dan cuenta en cierta medida de esta temática. Como un rasgo negativo, consideraban a nuestros ancestros flojos y poco industriosos. Y lo atribuían por lo general a la naturaleza fértil y prodigiosa de los valles de Chile, donde la gente no necesitaba de grandes esfuerzos para proveerse el sustento. Contribuía a este estereotipo el hecho que los españoles fueran demasiado legalistas y dejaran los problemas humanos a la fe.

Al parecer, existe en nuestro interior una necesidad de fiesta, un afán de celebrar. Ahora mismo tenemos una semana de fiesta por nuestra independencia. En la mayoría de los pueblos y ciudades las autoridades organizan festivales. En Putaendo se celebra el Carnaval más largo de Chile. Ahora incluso planean el festival de las cuarenta horas. No es ironía, ¿quién quiere trabajar más? Los japoneses, pero no nosotros. En el mismo Congreso hacen “la chancha”, de una manera u otra. Ahora la casta política va a escoger gobernadores, nadie sabe muy bien qué van a hacer estos tipos, pero bueno, en el camino se “arregla la carga”, la cosa es entretenida, festiva.

Los paros y huelgas que tenemos todos los años, a mi entender, son reflejos de esta necesidad de volver a nuestras costumbres de nativos. En el último paro de profesores observaba en las marchas mujeres vestidas de indias realizando bailes ancestrales. Sí mi teoría es acertada, pienso que debemos repensar nuestra educación. Debemos incorporar aquello que forma parte de nuestra esencia como pueblo, para luego ir con más ganas a descubrir la ciencia y la industria, que es propia de los europeos. Mantener a niños inquietos y sobre estimulados por períodos de una hora y media sentados en una sala de clases es algo más que anacrónico. La actividad física, en sus múltiples manifestaciones, debiera ser mucho más frecuente. Creo que el rendimiento escolar sería mejor si se alternara la actividad física cada cierto tiempo durante el día, y ayudaría a evitar entre otras cosas, la deserción escolar y el problemas social que ésta significa; y el sobrepeso, producto de la ingesta descontrolada de comida chatarra.

 

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