martes, junio 25, 2024
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Cómo pasar la Censura

¿Quién pudiera no estar de acuerdo con las aspiraciones de las mujeres en nuestra sociedad? Con las injusticias históricas, con los maltratos físicos y psicológicos, con los acosos sexuales y los femicidios, con sus aspiraciones laborales, en fin. Es una deuda tremenda que tenemos con ellas. No obstante, tampoco podemos decir que en el último siglo las mujeres no hayan avanzado en conquistar igualdad de derechos frente  a los hombres, al menos en occidente. Porque en muchos países de Asia y África las mujeres son discriminadas, agredidas, mutiladas en formas que nosotros no podríamos tolerar.

Me gustaría, sin embargo, poner un poco de perspectiva histórica y cultural para enfrentar el problema de las mujeres en la actualidad. En primer lugar decir que desgraciadamente somos, como especie, en gran parte biología, instinto. Y sí uno observa el comportamiento de los animales superiores, con quienes estamos emparentados genéticamente —especialmente con los grandes simios— la conducta de los machos es bastante “cabrona”, por decir lo menos. Pelean constantemente por territorio y por las hembras. Es una barbaridad tremenda; y no podemos hacer mucho por cambiar esas conductas. Si alguien opina lo contrario; que vaya y le diga al león que de deje de flojear y le ayude a cazar a las hembras, después me cuenta cómo le fue.

Desde una perspectiva cultural también la cosa no es auspiciosa para las mujeres. Piensen que desde el Génesis parte mal el asunto. Dios creó a la mujer de la costilla del hombre. ¿Por qué no los creó al mismo tiempo?, o ¿primero a la mujer y de su costilla al hombre? Luego fue a Eva a quién la serpiente indujo a probar el fruto prohibido, ¿por qué no fue a Adán? ¿Y quién abrió la Caja, sino Pandora?

Sin embargo, es preciso destacar que han existido mujeres valerosas en la historia; para mí la más importante es la Virgen María, la madre de Jesús, nuestro salvador, y quién pisara el rabo de la malévola serpiente. Destacaría también a Judit, aquella valerosa mujer que para salvar a su pueblo cortara el cuello del general asirio Helofornes. Helena, la bella, hizo que dos ejércitos se enfrentaran en una guerra sangrienta. Hecatombe, la gran guerrera persa, y muchas más en la historia y en nuestros días; por último, ¿qué es el hombre sin la mujer? Quizás algunos no estén de acuerdo, porque filósofos, religiosos, santos y sabios, se las arreglaron y arreglan muy bien sin ellas; pero no son más que las excepciones que confirman la regla.

En cuanto al alcance de mi memoria puedo decir que por el lado paterno mi abuela era una dueña de casa ejemplar, pero que se quejaba que las lucas que le daba mi abuelo eran insuficientes para sus gastos, que eran mínimos. Por el lado materno mi abuela, a pesar de tener un título universitario, no ejerció su profesión, y se dedicó a la casa y a los hijos. Por su parte el abuelo era un tipo que se perdía por semanas y llegaba silbando como si nada hubiese pasado. Mi abuela, mientras hacía las camas tarareaba una canción, cebaba el mate y ponía el charqui en el brasero. Uno de sus hijos fue un don Juan empedernido, con amigotes buenos para la parranda, quien se casó tarde y sacaba a su mujer sólo para los terremotos. Por suerte para la tía el tío se fue de este mundo primero, y ella pudo salir a conocer el mundo.

Frente a todas estas injusticias las mujeres han dicho basta, y con razón. Sin embargo, el rango de sus aspiraciones varía según  el tipo de feminismo. Del feminismo, sus variantes y la relación con la literatura conversaremos en el próximo artículo.

La Columna de Citadini

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