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Los Andes
viernes, 22 octubre, 2021

Reciclar y reciclarse II Parte

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Me quedó dando vueltas esa metáfora de Apple con la manzana del Paraíso. Acceder a esos teléfonos es como acceder al conocimiento del bien y del mal. Porque accedemos a toda clase de información en segundos. Información que es buena y nos es útil para nuestro que hacer  y nuestro bienestar; pero también a información mala y perversa que se opone al bien o a nuestro bien. Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso por no obedecer a Dios quien les prohibió comer del fruto del árbol del conocimiento. Al no poder regresar al Paraíso no podrían comer tampoco del segundo árbol que allí crecía: El árbol de la vida. Puso Dios un querubín como centinela con una espada ardiente para impedir el ingreso de nuestros antepasados a comer del fruto del árbol de la vida.

Entonces como los mortales no tenemos mucho arreglo; y como dicen, “en mangeant vient l’appétit”, ya nuestros congéneres más clever están buscando la manera de entrar al jardín y comer del fruto del árbol de la vida.  Quieren ahora fabricar vida inteligente y eterna; con qué fin, no tengo la menor idea. No sé quién querría vivir más de doscientos años en este planeta. Concuerdo con lo que dijo Aquiles en la película Troya: “Los dioses nos envidian porque somos mortales”.

Lo que verdaderamente nos convoca es el tema de reciclar y reciclarse, porque a mí no me van a convencer que en cincuenta años más va a instalarse una colonia de humanos en Marte. Así que todavía el único planeta habitable a nuestro alcance sigue siendo la tierra, y lo estamos haciendo bolsa hace rato. En el mundo se producen 300 millones de toneladas de plástico al año. No sé si esta cifra es exacta y tampoco voy a comprobarlo, pero debe ser algo por el estilo. Sólo se recicla el 9%. En el mismo período 8 a 12 millones de toneladas de plástico terminan en el mar, que se unen a los 150 millones que se ya encuentran ahí. Dicen también que en treinta años más van a nadar en el mar menos peces que bolsas plásticas. Cortázar pensaba que en el futuro los mares estarían llenos de papel; le erró por poco, sería plástico. Los peces y las aves marinas ya tienen mucho plástico en su dieta. Cuando diseccionan los albatros en las islas del pacífico encuentran mucho plástico en sus vísceras, y las aves parecen sobrevivientes de la batalla de Midway.

Por fortuna el señor David Katz fundó Plastik Bank, un ecosistema en donde los desechos plásticos adquieren valor. El plástico adquiere un valor como moneda; es decir, se cambia plástico por dinero; con ese dinero la gente más vulnerable que hace el intercambio puede financiar las necesidades de su familia, incluso la educación de los hijos. Cada kilo de plástico se valoriza en 50 centavos de dólar.  El banco toma el plástico recibido, lo procesa y lo vende como materia prima a compañías que luego fabrican nuevos objetos de plástico, favoreciendo lo que se llama economía circular.

A mi también se me ocurrió una idea, no tan brillante como la del señor Katz, pero una idea que puede que no sea mala. Se trata de una labor que podrían hacer nuestros niños del Sename, al menos los más grandes. Tan simple como que ellos se dedicaran a ordenar los envases desechables de plástico y vidrio para poder reciclarlos. También como en el Banco de Katz, podrían recibir una cantidad de pesos por su trabajo, de acuerdo a las cantidades de plástico y vidrio que llevaran a reciclar. Así podrían reciclar y reciclarse.

Columna de Citadini

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